EXPERIENCIAS DE UN PADRE DE ALUMNO (I)

Las primitivas sensaciones y sentimientos de un padre son de logro o éxito reproductivo vital. Tiene, al menos eso cree, prole. Si no tiene otras posesiones es un simple proletario. Ni ha pensado lo que a ese niño le espera en el sistema educativo ni sospecha los sufrimientos y dolores que esa posesión le acarreará. Cuando llega el niño a tener edad de ingresar en pre-escolar o infantil, empiezan los quebraderos de cabeza, si es que el padre más tiene algo dentro. Si no tiene opciones, pues a cargar con el karma o disfortuna de la situación educativa con las tensiones que le toque. Pero, si tiene alguna opción, no por eso es más libre de la mal andanza educativa. Tiene la posibilidad de elegir y equivocarse. Pero a la mayoría de los padres les coge algo de sorpresa, a no ser que haya considerado ya su descendencia como una inversión a largo plazo, como quien invierte en un pura sangre. Si ha elegido la concertada, porque la pública, ya se sabe, está dejada de la mano del diablo, tendrá esperanza de que su retoño no sea un rico privilegiado, pero tampoco un almita de la despojada pública. Además, bajo la protección de los hijos/as de las iglesias, monjas o curas, se cuidará, por si acaso, de su Destino en el más allá. Pronto verá que los amatísimos hermanos o hermanas, no son de la caridad cristiana o mulsumana, o la que sea, sino corruptibles de carne y hueso, y su educación no supera a veces los peores defectos o inconvenientes de la pública. De la Privada, privados se quedan los pobretes y no privilegiados. Bueno, después de esta etapa tan amorosa, tenemos un niño medio, criado con esfuerzos y ansiedades por sus padres, maleducado o muchas veces mimados, y maltratados por los mejores maestros que se pudo encontrar. Maltratados en competitividad, acumulación de conocimientos sin sentido, a falta de caridad de la buena, y todo lo más un monito sabio con miedo al infierno, a sus compañeros, algunos, o a sus maestros, otros. Y se va tirando, tensiones todas las de una sociedad en apabullante progreso implacable. Y el niño ya alguito deformado, después que la madre natura hubiera sido clemente con él, está listo para sufrir su segunda etapa, que ya se cumplió como un soplo helado la primaria.

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